SOBREVIVIR EN UN BUS


Usualmente, en múltiples ocasiones he exaltado a los músicos académicos en este espacio por su virtuosismo y aporte al folclor contemporáneo, así mismo a los compositores que son parte fundamental de las transformaciones sociales del país. Pero hoy quiero reconocer públicamente la labor de unas personas que quizás no tengan los conocimientos técnicos que otros tienen, pero que hacen algo con la música que es casi una proeza en países como Colombia, sobrevivir. Estoy hablando de las personas que se suben a cantar a los buses, de los músicos de los buses.

Todos los que tenemos el “privilegio” de transportarnos el servicio público urbano nos hemos encontrado gente que vende dulces o que cuenta sus desdichas personales o encontraron en la música una forma de sobrevivir por el mismo motivo de los otros, decidieron hacer del servicio público su trabajo. Pero para mí son estos últimos fuente de admiración, porque echando mano de un instrumento en la mayoría de las veces viejo y destemplado o simplemente con sus voces y la necesidad de conseguir dinero para salvar sus vidas del hambre.

La idea de hacer un pequeño homenaje a estos valientes de la cuidad, me surgió a partir de ver en un bus en el que me transportaba, se subió un hombre de unos 60 años aproximadamente estaba acompañado de una mujer joven y una niña. Él portaba un pequeño parlante de los que hasta ese día solo se lo había visto a algunos jóvenes para escuchar reggaetón, debo confesar que espere lo peor, pero cuando el hombre se llenó de un valor que su cuerpo irradiaba y empezó a cantar “Viejo Farol” el gran éxito de un reconocido personaje del eje cafetero (El “Caballero Gaucho”) sentí que aquel hombre entregaba lo único que tenía en ese momento, su voz ronca y fuerte, que me pareció muy agradable para la canción que con tanto sentimiento interpretaba, también sentí cierto orgullo y una admiración porque se notaba que era alguien novato en eso de cantar en los buses y que lo hacía porque tenía una verdadera necesidad para hacerlo.

Cuando miré los rostros concentrados de los demás pasajeros en el intérprete vi que no era el único que sentía admiración por aquel hombre, es más, pocas veces he visto que a una persona que se sube a cantar en el servicio público tantos pasajeros le den dinero, quizás porque percibimos que lo hacía con una actitud y con un sentido que pocas personas lo hacen, lo hizo por sobrevivir.

Siempre he sentido admiración por quienes optan por vencer ese temor del reproche social  y cantan en un bus porque están convencidos de su calidad artística, lo cual algunos pueden poner en duda pero de lo que no hay discusión es que son personas que merecen todo el respeto porque en un país donde es tan fácil hacer daño a otras personas para sobrevivir, ellos han optado por una expresión artística y que solo busca un poco de apoyo para seguir en el cada vez más complejo camino de la legalidad cuando se está inmerso en la pobreza. Por eso hoy hago este homenaje a ellos y ellas, a quienes la música y los buses les dan la comida y el ánimo para sobrevivir.

Comentarios

  1. Sencillamente.... bello....bello como Andrés describe a aquel hombre que con valentía canta.... Casualmente hoy se subieron en el bus en que viajaba dos señores también mayores y cantaron vallenato. En realidad apoyar a las personas que hacen este trabajo es muy importante, desde el gesto de admiración, atención, agradecimiento, respeto, y dinero por pago a su trabajo.... Felicitaciones Andrés... Abrazo apreta´o

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  2. Muchas Gracias amigo anónimo,

    El objetivo era resaltar uno trabajo es muy duro y que a veces es pagado con indiferencia y hasta irrespeto, y considero que es tan válido como cualquier otro y que hay que apoyar de diferentes formas, esta entrada del blog es otra forma de apoyo.
    UN ABRAZO BAMBUQUERO

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